Ensayo

Un lugar de muerte que no reconozco

Ecuador no es un país productor de cocaína. Por eso choca aún más la idea de tener una guerra abierta contra el narco.

Un lugar de muerte que no reconozco
Un grupo de prisioneros tendidos en el suelo, con las manos atadas a la espalda, en la cárcel de Esmeraldas, Ecuador, después de que las fuerzas de seguridad intervinieran la prisión el 14 de enero de 2024. Fuerzas Armadas de Ecuador vía AP

Ecuador era un país desconocido que lleva el nombre de la línea imaginaria que marca los hemisferios norte y sur. Los que nacimos en la tierra del ecuador solíamos recurrir a la carta de Galápagos y Charles Darwin para explicar de dónde veníamos, y también mencionábamos a Colombia para que nos ubicaran en el mapa. Nuestra marca país intentó con poco éxito posicionar siempre la imagen de sus cuatro mundos (la costa del Pacífico, la sierra andina, la selva amazónica y las islas Galápagos) con lemas como “La vida en estado puro” o “Ecuador ama la vida”. Hoy, paradójicamente, mi pequeño país es conocido por ser el escenario de una guerra, un lugar de muerte que no reconozco, lejos de los eslóganes que incluían la palabra vida.

—Voy camino a casa, no hay buses ni taxis. Tuve que esperar a que los padres recogieran a los niños de la guardería. Luego te llamo.

Esto me dice mi hermana cuando al fin contesta el teléfono. Es el día que un grupo de delincuentes invade un canal de televisión en Guayaquil y el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, declara que hay un conflicto armado interno.

Ni esa ni las otras conversaciones que mantengo con familiares y otras personas más o menos cercanas me tranquilizan. Siento el miedo en sus palabras.

La guerra contra el narco que se vive en Ecuador tiene en vilo a los 17 millones de habitantes, sobre todo los que viven en ciudades costeras como Guayaquil, Manta y Machala, donde están los puertos que son clave para el envío de droga en contenedores contaminados.

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