La selva de los niños que matan

A sus doce años, Rodrigue forma parte de la guardia personal del líder de una milicia del este de la República Democrática del Congo

La selva de los niños que matan
Alfons Rodríguez

Texto: Xavier Aldekoa Fotografía: Alfons Rodríguez A Rodrigue lo que más le gustaba del mundo eran las alubias con arroz, los partidos de fútbol y los ruandeses muertos. Le entusiasmaba el olor a alubias. Cuando su madre Clodine cocinaba, el aroma a legumbre hervida ascendía lentamente por la ladera de Ngenge, una pequeña aldea de ciento diez casas encajadas en un claro en mitad de la selva congoleña. A veces, si la mujer encendía el fuego temprano, la fragancia se mezclaba con la niebla y se posaba en las copas de los árboles como si el olor viniera del cielo y estuviera cocinando Dios. A Rodrigue le gustaban tanto las alubias con arroz de su madre que había aprendido a odiarlas. Le pasaba igual con el fútbol o sus asignaturas preferidas en el colegio, la geografía y el francés: amaba su…

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